viernes, 25 de diciembre de 2015

Malas artes



La mala praxis en el ejercicio de una actividad no es sólo patrimonio de la política, pero se manifiesta con gran intensidad en su acción. No han dejado de sorprenderme las últimas manifestaciones del secretario general de Podemos con el ánimo de encizañar al PSOE. Ha querido sembrar la duda sobre quién manda en los socialistas, para a su vez confundir a la ciudadanía y presentarse como el “caudillo” de la izquierda.

No es la primera vez que este señor utiliza las “malas artes” para persuadir a los votantes de la superioridad de su oferta política. En campaña escondió el derecho autodeterminación de Cataluña que propugnan. Y algún candidato suyo incluso lo negó en algún debate. En materia económica los números no cuadran, y ellos lo saben, pero toda su respuesta era, “tenemos memoria económica”, como si el papel pudiese aguantar todo. En materia social, en alguna ocasión uno de sus candidatos no ha tenido ningún inconveniente en sacar el programa del PSOE y presentarlo como suyo.  Estas son las credenciales de ese nuevo partido que, según ellos, no es de izquierdas ni de derechas. 

“Podemos es un partido político que se fundó como televisión, y luego la televisión fundó a Podemos”, como afirma Ignacio Torreblanca en su libro Asaltar los Cielos. Luego vendría el apoyo incondicional de Atresmedia en La Sexta, como palanca clave para dividir la izquierda. Los que en su momento nos atrevimos a opinar sobre esta estrategia de poder mediático en la que visualizábamos la mano del PP, fuimos insultados en antena por el “gurú” de la tribu. Lo cierto es que los resultados están ahí. Si los socialistas no gobiernan España durante los próximos caños será por el apoyo tácito de este nuevo partido oportunista del poder que quiere enterrar como sea a la socialdemocracia española e imponernos un Syriza al estilo griego. Sin ideario político, pero con mucha palabrería hueca. 

Las malas artes también se han puesto de manifiesto en algún pseudo medio de comunicación sin escrúpulos de mi tierra; al menos así lo he vivido yo. El afán por llevarse bien con el partido afín que alimenta los ingresos de su cuenta de explotación los ha llevado a algún titular esperpéntico, incluso después desmentido y descalificado por el propio partido al que protegían. La miseria ha ido más allá cuando han ocultado la actividad y propuestas de la competencia del partido a quien protegen. E incluso han puesto de manifiesto un periodismo de baja calidad en la búsqueda servil de sus intereses que les aleja día a día de la ciudadanía y les acerca al ostracismo.

Las malas artes también se han puesto de manifiesto en alguna candidata que no ha tenido inconveniente en distorsionar una vez más la realidad y mentir en cuestiones personales. Pero un trabajo es un trabajo, debe pensar alguna, y para eso vale todo. Hasta la mentira y los golpes bajos.



martes, 22 de diciembre de 2015

Ejercicio del poder



Si por algo se han caracterizado los gobiernos de Aznar y Rajoy en la España democrática frente a los gobiernos socialdemócratas ha sido porque han ejercido “poder”. En su acción de gobierno no se han andado con chiquitas; han ido al control y dominio de aquellas estructuras y acciones que les interesaban. Sólo así su capacidad de influencia era precisa y certera.

Los gobiernos socialistas han sido, por el contrario, más ‘timoratos’. Han centrado su acción de gobierno prioritariamente en la gestión de lo público, pero sin ánimo de dominio y control. La Administración ha sido su plataforma de trabajo y la tecnoestructura de la Función pública, su sala de máquinas. Los resultados han sido notables, sobre todo en materia de bienestar social y vertebración territorial.

Los populares siempre nos han sorprendido con su agenda tácita. Sus mayorías absolutas han sido sus principales enemigas de cara a la aceptación popular. En esta última legislatura hemos podido comprobar cómo una de sus principales acciones políticas fue dirigida al control de la radio televisión pública, pero también al control indirecto de otros medios de comunicación; la regulación ha llevado, en muchos casos, un marchamo de clase abocada a la defensa de sus grupos de interés, y también de los resortes que les permitiese mandar  en las cuestiones que les interesa.

El PP aplica en el gobierno el viejo estilo de muchos alcaldes con cultura caciquil en el medio rural: mandar y controlar todo como principio esencial de actuación. La gestión de los servicios y de la Administración es un tema secundario. Bajo este axioma los ciudadanos ocupan un papel secundario, centrando su actuación en lo que interesa al partido y sobre todo a sus dirigentes.

En esta última etapa de gobierno el PP ha ejercido el poder de manera plena desde el minuto cero. Su objetivo era dividir a la izquierda, y lo han conseguido. Los resultados de este último domingo así lo ponen de manifiesto. Pero es cierto que también la estabilidad que proporciona el bipartidismo se ha volatilizado en parte. Y a su vez el Ibex-35 les ha roto su estrategia con la aparición de un grano en la derecha. Y es que no es fácil cubrir todos los flancos que exige la acción de poder. Esperemos que el sistema se estabilice lo antes posible por el bien de la ciudadanía, y la cultura de “poder” se sustituya por la cultura de “gestión”. 






sábado, 19 de diciembre de 2015

Convergencia política



El marco político de la mayor parte de los Estados occidentales viene definido por la democracia representativa bicameral y una Jefatura del Estado bien en forma de monarquía o república. En el plano económico la economía del mercado se manifiesta con pleno respeto a las reglas del capitalismo, con más o menos regulación del mercado. El sistema de economía central planificada ha pasado a la historia como reliquia. Corea del Norte y Cuba constituyen su representación más significativa, y en menor medida Venezuela, que goza de un control cuasi exclusivo de la economía por parte del Gobierno.

Las economías de mercado de los diferentes gobiernos no son ajenas al proceso de globalización, que se inició con mucha intensidad en la década de los 90 con el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación –TIC-y la mejora del transporte. La economía abierta es una seña de identidad de los países avanzados. Ninguna acción de gobierno puede ser ajena a esta nueva variable, donde la competitividad y productividad de las empresas son determinantes para la generación de riqueza y bienestar entre sus ciudadanos. 

La oferta de acción política de los diferentes partidos políticos en cada uno de los Estados puede tener múltiples manifestaciones. Desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Pero una cosa es la oferta y otra, la gestión. Los partidos que sustentan la acción de gobierno tienen restringida su acción política, al menos en el plano económico. Las alegrías en el endeudamiento y el déficit, como variables que sintetizan la acción económica de gobierno que se traduce en una renta per cápita, se pagan. Y, por desgracia, lo acaban pagando los más desfavorecidos.

Hoy en España han proliferado diversos partidos de derecha, centro e izquierda, que incluso ellos se autocatalogan en el grupo que más les interesa de cara al electorado. Así contamos con el PP, C´s; UPyD, PSOE, Podemos e IU. El bipartidismo, según las últimas encuestas del CIS, se ha roto. Otra cuestión es cuál sería su gestión.

El libre mercado con un nivel de regulación estatal baja y una presencia mayoritaria de la empresa privada en la gestión de la actividad económica y del Estado del Bienestar configura las señas de identidad de las fuerzas de derechas. En el panorama político español, este perfil les corresponde a PP y C´s, al menos así se desprende del contenido de sus programas. Son dos fueras políticas que comparten la misma lógica con independencia de su puesta en escena.

UPyD es un partido que comparte el modelo social de los partidos de izquierda y en la acción económica un modelo más liberal. Si algún día gobernase, en caso de dar preferencia al reparto de la riqueza vía Estado del Bienestar convergería con la izquierda real.

El PSOE es un partido que representa la socialdemocracia. Respeta las reglas de estabilidad presupuestaria y reparte riqueza vía impuestos a través de los mecanismos del Estado del Bienestar. A diferencia de Podemos e IU –ahora Unidad Popular-, que en sus programas económicos se refleja un incumplimiento claro de las restricciones presupuestarias asociadas al Plan de Estabilidad económica que marca Europa. Esta deriva hace que gran parte de su contenido en materia de bienestar social sea inviable. En caso de gobernar, se producirían las mismas tensiones que en Grecia con el primer Gobierno de Syriza. Para una opción realista de gobierno debieran converger con el planteamiento de gestión socialdemócrata del PSOE.

En los países con una alta tradición democrática, convergen en su lógica de acción de gobierno en dos partidos –conservador y socialdemócrata-, o como mucho en un tercero, liberal. En EEUU ocurre lo mismo; tras una larga experiencia, siempre convergen dos opciones políticas, republicanos y demócratas, con periodos más o menos prolongados de gobierno según la aceptación popular. 

En España, más antes que después, ocurrirá lo mismo. No hay espacio para partidos políticos que son miméticos, o una acción populista, demagógica y oportunista sólo para desplazar a otro partido y disputar su opción política. En un país maduro, la convergencia política antes o después llega. Sólo la opción de gobierno acaba siendo valorada por los ciudadanos en el medio plazo. El oportunismo político es coyuntural, no estructural.