
Todo indica que Matas ha hecho una gran fortuna personal bajo el paraguas de su gestión pública y el pretexto de financiación del PP. Nada nuevo. Qué se puede esperar de un ministro del equipo de Aznar, cuando este mismo señor ha sacado enorme plusvalía de su paso por la Presidencia del Gobierno de España, utilizando a su yerno como testaferro. En ese mismo gobierno estaba Rajoy, quien, en lugar de condenar y expulsar del partido inmediatamente a Matas por los hechos por él reconocidos y conocidos, huye como un cobarde, no se pronuncia y manda a la zorra a guardar gallinas. Ana Mato no está legitimada para hablar de corrupción, ni para exigir el derecho de presunción de inocencia. Cuando ella convivía con el ex alcalde de Pozuelo, su sociedad conyugal recibió dádivas como un coche de gran cilindrada o el pago de eventos familiares, por actuaciones similares a la del señor Matas. Esta señora, diputada y vicesecretaria de Organización del PP, si tuviese decencia debiera abandonar la vida pública. Lo del PP no tiene nombre.
El PP, en lugar de poner coto al caso Gürtel y trabajar con el Gobierno para sacar a España de la crisis, no hace otra cosa que difamar y crear problemas, con el único objetivo de confundir a la población y así enmendar todo para facilitar el camino a La Moncloa. El diputado y exministro Trillo trabaja para quebrar el Estado de Derecho y maquinar actuaciones judiciales que permitan limitar la capacidad de acción de la Justicia y, sobre todo, del juez Garzón. Todo indica presuntamente que se está presionando a los jueces conservadores –la mayoría- para anular el caso Gürtel y así dejar inmune la corrupción del PP. Exactamente la misma táctica que se siguió en su momento en el caso Naseiro. Aquí quien pierde son los españoles; y, sobre todo, la credibilidad e independencia del Poder Judicial, un Poder que goza cada vez de un menor reconocimiento de los españoles.
Tampoco nos han faltado esta semana las profecías del ex ministro de Interior de Aznar y gran beato vasco, el señor Mayor Oreja. Vaticina que el Gobierno negocia con ETA y se alía con la banda terrorista en contra de los intereses de España. Sin comentarios. Es posible que sus declaraciones sean fruto de una enajenación mental transitoria. Sin embargo, esos efectos no los tiene a la hora de impulsar sus negocios de seguridad en Euskadi. Ya se sabe que a veces el subconsciente traiciona.
Y, por último, el PP ha incorporado, como asesor de Justicia en temas penales, al padre de la malograda Mariluz. Esa niña onubense que murió a manos de un degradado sexual. Con esta incorporación, el PP intenta explorar el mundo de las emociones y profundizar en la línea del populismo y la demagogia, porque difícilmente puede aportar algo más. Más vale que condenasen los casos de pederastia de la iglesia española.
Todo pone de manifiesto que el PP ha perdido la “ética política”. Sus actuaciones desprenden un fuerte hedor pestilente que no impide que muchos españoles lo soporten impenitentemente. Confiemos en el pueblo español, que espero siempre esté a la altura de las circunstancias.