En este semestre, en el que también hemos ejercicio la Presidencia de turno de la Unión Europea (UE), el Gobierno socialista ha tomado decisiones de un hondo calado reformista, pero también impopulares: la propuesta para la modificación del sistema de pensiones; la reforma laboral; la reestructuración del sistema de cajas; o un importante ajuste fiscal, que conlleva no sólo la subida del IVA, sino el recorte de importantes partidas de gasto tanto de infraestructuras, como de gastos de personal (a los funcionarios como media se les ha reducido sus retribuciones un cinco por ciento).
El punto álgido del curso político se sitúo en el sometimiento al Congreso de los Diputados del Plan de Ajuste. El Grupo Parlamentario Socialista sacó adelante este plan gracias a la abstención de los nacionalistas. De no haberse aprobado, la crisis económica y social, en España y en Europa, hubiese sido de una magnitud inconmensurable. Es posible que el euro, como moneda única, hubiese desaparecido y se hubiesen quebrado los cimientos de la UE. En España las consecuencias hubiesen sido mayores. La economía española tendría que haber sido intervenida, como la griega, y hubiésemos alcanzado cifras de paro astronómicas. Por supuesto, el Gobierno también habría caído.
Ésta es la principal oposición que tenemos en España. Una oposición que sólo piensa en llegar al poder como sea, aunque para eso se tenga que arrasar España. Prueba de ello es que en el reciente Debate sobre el Estado de la Nación; su única propuesta ha sido pedir el adelanto de las elecciones generales. Pero, ¿acaso puede gobernar quién ha dado muestras inequívocas de irresponsabilidad e incapacidad? Más, cuando su partido es un nido de corrupción. Y mucho más cuando en el día a día manifiestan un desprecio absoluto por dar respuesta a lo que necesita este país.
En fin, un curso político, más bien para olvidar, pero también para recordar en los anales de la acción política. Y que ha puesto de manifiesto quiénes tienen visión de Estado, frente a quienes no la tienen; y quiénes están en política con vocación de servicio público frente a los que están en la política para servir a sus propios intereses y los de sus amigos. Esperemos que el nuevo curso traiga otros aires, pero también más altura de miras para muchos.