domingo, 14 de agosto de 2016

Los justicieros



De un tiempo a esta parte, coincidiendo también con los efectos que ha generado la crisis económica en la sociedad, son muchos los que aprovechan sus ventanas en los medios de comunicación, ante la pasividad de éstos, para hacer justicia a su manera. En gran número de ocasiones van buscando herir a la persona o institución a la que critican, y proyectan sobre ella su frustración personal, soberbia, envidia o mediocridad que han enquistado durante mucho tiempo. Son justicieros de otros con sus principios y convicciones, que a todas luces no parecen que sean muy sólidos.

Últimamente yo también he sido víctima de algún ataque de esta naturaleza. Lo primero que uno piensa cuando esto sucede es que puede ser una consecuencia de actuaciones impropias de uno mismo hacia terceras personas, o bien producto del difícil momento político que estamos atravesando en el que la inquina se manifiesta sobre sus representantes, y yo no dejo de ser uno de ellos. Pero me temo que ni lo uno, ni lo otro. El segundo factor lo entendería, pero el primero, imposible. No tengo, ni he tenido nunca, enemistades propiciadas por mi parte de forma expresa.

Se da la circunstancia de que alguno de los que lanza sus dádivas ni tan siquiera ha hablado conmigo en su vida. Debe ser que mi proyección pública no le es de su agrado. Lo más sorprendente es que sus críticas se dirigen al plano personal y a hechos concretos que sólo han ocurrido en la cabeza de la persona que los instrumentaliza para intentar hacer daño. Debe ser que los que se consideran divos ven enemigos por todas partes o proyectan su frustración personal hacia otros porque jamás alcanzaron lo que les gustaría.

También les hay que de un día para otro se presentan como tus enemigos, sin que nada haya ocurrido. Y, además, te enteras por la prensa. Uno se queda ‘ojiplático’. Basta respirar hondo y contar hasta diez para darse cuenta que lo mejor es pasar. No ofende quien quiere, sino quien puede. Las personas proyectan sus frustraciones de múltiples maneras. Y algunos necesitan notoriedad como sea para seguir alimentando su soberbia y su ego. Una enfermedad que espero no padecer el día que me retire de la vida pública. ¡Con lo mucho que se puede hacer y disfrutar de la política! A pocas luces que se tengan.

En fin, la figura del justiciero no es nueva y presenta múltiples manifestaciones, más allá de las que se puedan poner de relieve en un breve artículo. Ha existido siempre, y seguirá existiendo. Lo que contrasta es que la apliquen personas que triunfan o han triunfado en sus respectivos ámbitos. Yo me resisto a entenderla, porque eso conlleva marcar la traza que uno va dejando en  la vida en negativo y bajo los estertores del rencor y el resentimiento, posiblemente motivada por una frustración personal o profesional.   


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