lunes, 8 de agosto de 2016

Lealtad política



La lealtad política es un valor a la baja, al menos si nos atenemos a las manifestaciones y a los hechos cotidianos de la vida pública.  Son muchos los políticos que hacen alarde de la deslealtad como herramienta fundamental de su acción política. E incluso alguna se atreve a proclamar que la lealtad es incompatible con la acción política.

“La lealtad -como afirma Luis Legaz Lacambra- es la perseverancia en el aprecio o el servicio hacia alguien al que se patentizó una adhesión traducida en un comportamiento coherente y significativo desde el punto de vista humano”. La lealtad cubre el ser entero de la persona en todas sus dimensiones. Se es leal hacia los amigos, hacia las instituciones, hacia la palabra empeñada en un contrato, hacia los dictados de la propia conciencia… En el ámbito político el compromiso y la lealtad de los elegidos se han de manifestar hacia los electores, hacia las instituciones, pero también en el respeto entre las diferentes formaciones políticas y entre los integrantes de un mismo partido.

Series de ficción como ‘Juego de Tronos’, ‘House of Cards’ o ‘Borgen’, a las que tanto recurren algunos de los políticos emergentes e incluso toman como referente de su actuación, ponen de manifiesto el deterioro en valores de la acción política. El protagonista de ‘House of Cards’ llega a afirmar sin ningún rubor: “Yo no uso a la gente, a no ser que luego no pueda deshacerme de ellos”, lo que pudimos comprobar muy al principio de la serie- les he de confesar que no pude pasar de la primera temporada por la grima que me producía-. Pero los guionistas demuestran capítulo a capítulo un serio conocimiento de la acción política, al menos la americana, pero no creo que difiera radicalmente de la europea.

Estos días estamos pudiendo comprobar cómo, sin el menor rubor posible, el partido del Gobierno en funciones pone a las claras su política de deslealtad hacia el partido antagonista. No sólo utiliza su poder institucional y estatal contra los que no les son afines, sino que además llama a la rebelión interna para desautorizar al secretario general del PSOE y derrocarlo, y forzar la defensa de sus intereses de partido. Increíble, pero cierto. Una prolongación más de lo que ha sido su forma de gobernar durante los últimos cuatro años, fundamento de su descrédito social y de su rechazo para la mayoría de los españoles. Un comportamiento fuera de la ética social y de las normas de convivencia democrática.

En el seno de los partidos políticos también cuecen habas. La deslealtad es común. Es una actitud propia de mediocres y de personas ensimismadas cuya única aspiración es alcanzar la cima como sea. Sus manifestaciones son múltiples. Pero suele ser común en estas prácticas tender la mano, y además hacerlo público, a la vez que de forma obtusa se hacen confesiones a medios de comunicación o grupos de interés contrarios a los que dicen defender. El doble mensaje suele ser corriente en estas prácticas, en función de quien o quienes sean los interlocutores… Suelen tener escaso recorrido y su actitud, antes o después, queda al descubierto y es penalizada por la mayoría. La ambición y su egocentrismo son sus perores enemigos.

La política y lealtad deben ir de la mano. Sólo así se puede hacer política a lo grande. Los grandes políticos ante todo son leales; y la política en mayúsculas se fundamenta en al lealtad social, personal e institucional. La serie ‘Borgen’, a pesar de ser una serie de ficción, es un buen ejemplo de ello. Tomemos la política nórdica como referencia. Ganaremos, todos, mucho.     



         

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