La Constitución Española lo deja claro: la unidad de España es
indisoluble. Así lo recoge su artículo 2. El artículo 1, en su apartado 2,
determina que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que
emanan los poderes del Estado”. El proceso secesionista del Sr. Mas carece de
legitimidad. No tiene cabida en el actual marco normativo español. Y conduce
irremediablemente hacía la frustración de un pueblo como el catalán que puede
convivir perfectamente con el resto de los españoles respetando sus
diferencias en el marco de un Estado
plurinacional como es el español.
¿Hacia dónde va el actual president de la Generalitat, el Sr. Mas? Sin
duda hacia su ostracismo político, más pronto que tarde. Un problema menor el
de este señor, si no fuera porque puede arrastrar a la inestabilidad social,
política y económica de España y sobre todo a la Comunidad Autónoma catalana,
generando graves tensiones sociales, que acabarán traduciéndose en un freno al
crecimiento económico y al descrédito político y económico de nuestro país,
mucho más en un momento de tanta dificultad económica como el actual.
Lo que comenzó como un juego y una maniobra disuasoria para desviar la
atención de la grave crisis económica y social por la que atravesaba Cataluña
bajo su primer mandato –como ya tuve la oportunidad de valorar en otra entrada
de este blog-, se ha convertido en un problema de Estado que afecta al
bienestar futuro de todos los españoles, catalanes y no catalanes. Un
divertimento cuyo liderazgo guarda un rasgo común con dantescos próceres de la
historia política: “Su egocentrismo en el ejercicio del poder”. Un veneno que
inocula odio y frustración.
El falso proceso plebiscitario que el president Mas convocará para el
próximo 27 de septiembre es en realidad fraudulento. Se trata de unas
elecciones autonómicas orientadas a buscar la mayoría en el bloque electoral
que aboga por el “sí a la independencia de Cataluña”. Sea cual sea el resultado
el lío está montado. La mayoría absoluta para el bloque nacionalista sólo
significará que han ganado las elecciones autonómicas y podrán seguir
profundizando en la destrucción social y económica de Cataluña. España seguirá,
y Cataluña en España; si ganan los otros, las tensiones independentistas no
desaparecerán y el desánimo crecerá en un importante sector de la población lo
que hará más difícil la convivencia. Presenta un cierto paralelismo con el
referéndum griego convocado por Syriza y el Sr. Tsipras.
Es el momento de la sensatez. Todas las personas de buena fe esperamos
y deseamos que el PP y el Gobierno no utilicen este dislate como instrumento
electoral en beneficio propio, pero no sería de extrañar, visto lo visto.
Podemos y su entorno más cercano, incluida la alcaldesa de Barcelona, están en
el populismo. No se puede esperar nada salvo ambigüedad. Y el PSOE sigue en su
tercera vía: la reforma federal del Estado. Creo que es el único camino en el
que la esquizofrenia del Mas y sus seguidores pueden encontrar una salida. Pero
para ello se requiere que las aguas estén tranquilas. La frustración del día
después requerirá un largo periodo de sosiego. Todos debemos contribuir a él:
catalanes y resto de los españoles.
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