lunes, 2 de enero de 2017

Carrera fin de año 2016



Para muchos segovianos el acto más sublime del último día de año no son las uvas –que algunos decidimos hace ya muchos años no seguir-, sino la San Silvestre. Una carrera en la que, según los organizadores, participamos 4.500 corredores en Segovia. Se trata de algo más que una carrera. Tiene magia. Es un punto de encuentro con amigos, tanto al inicio como en su desarrollo y al final de la prueba, y sirve para disfrutar una vez más de la belleza monumental de la ciudad y del calor de sus gentes que en todo momento te anima y vitorea. Un lujo que algunos llevamos sin perdernos desde hace muchas ediciones. Más aún  si la meteorología le pone un poco de morbo.

La participación fue más abundante que en ocasiones anteriores. Esa fue mi sensación. Bien es cierto que salí desde posiciones muy atrasadas, lo que hace muy difícil avanzar a tu ritmo natural de carrera. No lo pude alcanzar hasta llegar a la plaza, si bien la bajada de la Calle Real frenó de nuevo el ritmo. Muchos de los participantes eran muy jóvenes. Tuve la oportunidad de comprobar con enorme satisfacción cómo uno de mis amigos tuteló la carrera de su hijo de 12 años hasta que llegaron a meta; o de cómo otro marcaba el ritmo a su nieto de 14 años. 

La cultura del deporte se transmite de padres a hijos. No cabe duda. Mi amigo Chuso también corrió con su hijo. Yo les alcancé en la Calle Real. Su hijo nos dejó en la subida de José Zorrilla, y ambos hicimos el resto de la carrera en animada conversación hasta la Plaza Mayor. El tiempo era lo de menos,  a pesar de que no se nos dio mal del todo, teniendo en cuenta que el paso de los años siempre pasa factura. Nos llegamos a plantear si un 20 por ciento de los que estaban en la carrera serían capaces de correrla cuando sean veteranos. Llegamos a la conclusión de que sí. Una vez que coges el gusanillo es muy difícil soltarlo, y la afición a la San Silvestre segoviana ha crecido exponencialmente en los últimos años.

Una vez más había familias enteras animando a sus corredores. Tanto Chuso como yo tuvimos varias menciones personales dándonos ánimo. No deja de sorprenderme que algunos sigan refiriéndose a mí como subdelegado a pesar de los años transcurridos desde que dejé de serlo. Pero lo que más me sorprendió fue la voz de una jovencita que a la altura de la iglesia de Santa Eulalia dijo,  “y cómo no, también corren políticos”. No la debió hacer mucha gracia que en un acto popular apareciera uno de esos personajes. Mi respuesta fue una sonrisa de comprensión. Me hubiese gustado explicarle que los políticos somos personas que disfrutamos como el resto de la práctica del deporte y de este tipo de actos populares. Incluso mucho antes de participar en la vida pública. No era el momento. 

Antes de que comenzase el Nuevo Año la organización me comunicó mediante un sms mi tiempo y el puesto ocupado en la llegada. Maravilloso. El próximo 31 de diciembre espero encontrarme, una vez más, con los segovianos que la noche de fin de año nos gusta participar de la fiesta colectiva de la San Silvestre. Será una buena señal. La mejor del transcurso de un año, la Salud.    



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